RELACIONES Y TIPOS DE MADRES.

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RELACIONES Y TIPOS DE MADRES.
Alejandro Jodorowsky

SIMBIOSIS MADRE-HIJA
Una madre, cuyo impulso narcisista no ha quedado resuelto, y no ha logrado hacer o lograr en la vida lo que se ha propuesto, convierte a su hija en una prolongación de su ego, convirtiéndola en un espejo de sí misma, pero anulando inconscientemente su individualidad propia.
Una madre así, obliga a su hija, a ver el mundo con sus ojos. Comparte con ella sus intimidades sexuales y continuamente la obliga veladamente a vestirse como ella, comprar el mismo tipo de zapatos que ella, a peinarse como ella, a maquillarse o no maquillarse como ella, a caminar como ella e incluso a reaccionar y expresarse como ella.
Es una obsesión psicológica de lograr “una segunda oportunidad” en la vida, por medio de la hija.
Es un impulso infantil de la madre, que con el paso de los años se convierte en patológico.

En este caso, la hija la perdido la oportunidad de luchar por una vida independiente. Vive pegada a su madre bajo la creencia del “así debe ser”, “debo ver por mi madre”, “debo cuidar a mi madre”, “debo ser como mi madre”, “debo lograr lo que mi madre nunca logró”.

SIMBIOSIS MADRE-HIJO
Existen ciertas mujeres, que al haber sido incapaces de triunfar en la vida por méritos propios, se conceden la oportunidad de engendrar hijos varones para lograr con ellos, prolongar sus aspiraciones de ser perfecta a través de él.
Culturalmente, en todas las sociedades, ser hombre, es ser perfecto. Y cuando la madre se siente incapaz de triunfar, lo hará a través de un hijo varón.
Ellas actuarán a través del hijo y lo usarán para sus fines, induciéndole a estudiar algo que ellas no hayan logrado estudiar, motivándolo para comportarse exitosamente, fomentándole el hambre de éxito.

SIMBIOSIS PADRE-HIJO / PADRE/HIJA
Ciertos padres ególatras, que ven a sus hijos como peligrosos
competidores, se especializan, para así tenerlos siempre bajo su dominio, en aterrarlos con el futuro diciéndoles que, si no logran económicamente lo que ellos han logrado, lo pasarán muy mal.
Es una manera de retarlos, con el pretexto de hacerlos hijos exitosos, competidores.
Inculcan de esta manera objetivos que son los suyos propios. Mostrándose insuperable, llenan a los hijos de ansiedad, de frustación.
Nunca es suficiente. Cualquier logro del hijo es una tontería, comparada con los grandes logros del padre.
Los hijos poco a poco van odiando el esfuerzo, la satisfacción de ganar dinero, y se van odiando a sí mismos por ser frágiles y cobardes.

MADRE INVASORA
Cuando el padre está ausente (muerto, se fue, abandonó, o es indiferente), la madre por lo regular se torna invasora.
Enfocada en su rol madre-padre, caerá en algunas de las siguientes desviaciones: o será una madre totalmente sobreprotectora o se sentirá imprescindible para su hijo (a), no soportando que tengan una vida privada, que guarden secretos o que sean independientes sin su presencia.

MADRES ASESINAS
No desean ser madres, sólo quieren asegurarse de que son mujeres.
Pueden provenir de familias donde se da a la hembra un rol secundario y se exalta al macho. Hay legiones de mujeres en el mundo que sufren por serlo: se esperaba a un niño y no a una niña; para satisfacer al padre, la hija se masculiniza; la madre por su parte le inculca que es una desgracia parir y convertirse en esclava de una prole no deseada; etc.
Ella siente que, aparte del cerebro, su cuerpo le está prohibido. Al vivirse como un hombre frustrado, se niega el placer vaginal y de ninguna manera acepta convertirse en madre. Hace que la inseminen, para después abortar. Cosa que necesita para saber que es alguien que puede. Este querer ser «alguien que puede» oculta en el fondo una rivalidad con el padre, a la vez que una identificación con la imagen materna.

El embarazo calma a un tiempo su sensación de esterilidad y su deseo impotente de tener un falo. El odio a sí misma, por sentirse castrada, la impulsará a formar pareja con un hombre que odie a su propia madre y, por lo mismo, a las mujeres en general.
Así como hay madres asesinas, hay padres asesinos, que buscan un alivio pasajero de sus tensiones sexuales, sin ningún deseo de procrear.
El que la mujer caiga encinta les produce una insoportable molestia.

MADRES ESTANCADAS
Quieren que su vientre se hinche, pero no desean parir.
Infantiles, aprovechan su embarazo para ser rodeadas de ternura y cuidados como un bebé, cosa que a ellas les faltó. El estar encinta, convertidas en centro
de la atención familiar, les permite satisfacer sus necesidades afectivas.
Durante nueve meses se sentirán felices, pero inmediatamente después del parto padecerán una grave depresión y quizás detesten a su vastago por haberlas privado de los cuidados que ella obtenía durante el embarazo. Pueden producir leche acida, provocadora de diarreas.

Este tipo de mujer infantil formará pareja con un hombre de similar infantilidad: acostumbrado a no ser amado, necesita una madre embarazada, proyectándose él mismo en el feto; pero le angustia ver nacer a un hijo que, con indomables celos, sentirá como un hermano menor venido a robarle la atención materna.

Apenas se entera de que la mujer está encinta, emprende la huida.
Otro tipo de madre estancada es el resultado de familias en que varias generaciones de mujeres han sacrificado sus vidas engendrando gran cantidad de hijos, algunas muriendo en el parto.
Buscará un hombre que crea ser portador de un semen asesino. Este, durante el periodo del embarazo, se sentirá culpable, llegando a detestar a su mujer y al hijo que ella debe parir.
A medida que los meses avancen, la embarazada irá experimentando mayor terror, muchas veces estará a punto de abortar, necesitará cuidados intensos, deberá permanecer acostada durante meses, etc.
Su bebé no será mensajero de la vida sino de la muerte.
Parirá anestesiada, en general por cesárea.

Otro tipo de madre estancada se produce cuando la mujer se
avergüenza de estar encinta. Por diferentes razones, ni su hijo ni el padre de su hijo concuerdan con las creencias y los planes familiares.
Puede ser una madre soltera, haber cometido un incesto, estar inseminada por un hombre de raza diferente, etc.
Lleva en el vientre el fruto de lo que cree un pecado o una traición. Mientras está embarazada se aleja de su territorio o disimula la tripa, y teme que el nacimiento del nene le haga perder el amor de sus padres y parientes.
Cuando una madre estancada da a luz, sutilmente actúa como si su hijo no hubiera nacido por completo, tratando de impedir que desarrolle su autonomía psíquica; puede lograrlo, pero esto sólo es posible pagando el precio de una alteración profunda del desarrollo del infante.
Este puede convertirse en un niño psicótico, un adolescente esquizofrénico o un adulto inadaptado.

MADRES SECAS
Están dispuestas a parir, pero se niegan a criar al lactante que osó separarse de su cuerpo, que nada más sabe chupar, morder y gritar, que la solicita a cada instante, la distrae de su vida sexual y no tiene en cuenta que ella es un individuo independiente…
A uno de mis seminarios en Barcelona, asistió un matrimonio con la mujer encinta de seis meses. Me comunicaron que, de común acuerdo, ella estaba siguiendo un tratamiento de inyecciones diarias para impedir que la leche se formara en sus senos.
Le parecía asqueroso el acto de amamantar…
Agregó algunas otras razones, que al marido le parecieron muy justas: no quería que el cuerpo se le deformara, la vida era muy corta para sacrificarse, no podía perder un tiempo precioso para su realización como gerente de una empresa, llevar un niño colgado del pecho la haría sentirse semejante a un animal, etc.

Era evidente que en esa pareja la mujer representaba al hombre emprendedor, negociante, sostén económico de la familia, trabajando fuera del hogar. El hombre representaba el ama de casa dedicada a las labores hogareñas, preparar la comida o dar el biberón al niño: un caso típico de pareja con la identidad sexual trastocada.
Él no conoce la virilidad porque ha tenido un padre débil o ausente, tiene una sed insaciable de atención, acepta que su mujer sea madre pero no quiere que se distraiga alimentando a un rival.
En todo momento debe ser el centro, su hijo/a tendrá un rol secundario. Entre ambos crearán un alcohólico, un fumador compulsivo, un drogadicto, un goloso insaciable…
La leche materna no la sustituye la de otra mujer ni la de ningún otro animal.
Si el amamantamiento no dura el tiempo necesario, el niño puede tener dificultades para hablar, padecer ataques de rabia o enfermedades crónicas como dolores intestinales, asma, cefaleas, hipertensión arterial, crisis de pánico, fatiga constante, sentir durante toda su vida la falta del amor -manifestado por un periodo de lactancia armónico- que tanto necesitó en la infancia.

MADRES POSESIVAS
Por negación del hombre (imitación del odio que su madre
experimenta hacia el mundo masculino), esta mujer considerará que el hijo es exclusivamente de ella. Puede parirlo con retraso y amamantarlo más de lo necesario. Invadirá su psique proponiéndose como omnisciente, lo mantendrá en férreos límites infantiles, convirtiéndolo en su público.
El hijo, no logrando ser adulto, luchará con angustia, impotente, para liberarse de esta madre que a veces en sus pesadillas se le presenta como una araña.
Envejecerá tratando de que su progenitora lo vea, logrando sólo que lo tome como un espejo que sabe escuchar. El resultado de tal aberración se concreta en proyectos de suicidio, delirios de persecución, esterilidad, psicosis, neurosis de fracaso.

MADRES COMPLETAS Y SANAS
De mente y cuerpo sano, sexualidad satisfecha y emociones equilibradas, en estrecha colaboración con su pareja, parirán, amamantarán y criarán a sus hijos en perfecto acuerdo con la Naturaleza.
Serán conscientes de que el nuevo niño no es una víscera ni un órgano suyo, que ha nacido como una necesidad del universo viniendo a aportar nuevos caminos, siendo un paso más en la evolución que conduce al ser humano hacia la inmortalidad.

No les inculcarán caducos modelos del pasado sino que sólo le transmitirán los valores de sus antepasados; se dejarán guiar por el niño, considerándolo su maestro, dándole lo que él indica que necesita y no metas exigidas por la trampa familiar, que podrían
anquilosarlo o desviarlo de su ser esencial. Estas madres nunca se erigirán
en posesoras únicas del niño, lo compartirán con su pareja y con el mundo. No le dirán «ve por aquí» sino que le mostrarán el mayor número de opciones posibles, dándole la oportunidad de elegir.
Sabrán adaptarse a las necesidades del bebé, amamantándolo los meses que sean necesarios, sosteniéndolo con brazos amorosos y arrullándolo con dulzura: esta experiencia permite al niño de pecho sentirse real, ser, lo que le dará pronto la posibilidad de hacer y recibir.

MADRES QUE CRITICAN POR TELÉFONO
Hay madres que, viviendo separadas de sus hijas, las llaman a menudo por teléfono.
Padeciendo una obsesión perfeccionista, desarrollan un espíritu ególatra.
Sintiendo que tienen la razón en todo, proyectan en su hija los defectos que no pueden aceptar de sí mismas.
Cada vez que se comunican con ella, no pueden impedirse criticarla. Si a esto se agrega que la víctima tiene un padre ausente y que sólo cuenta con el amor materno, cada palabra hiriente la hiere en lo más íntimo.
En este caso aconsejo a la consultante:
Fabricar un corazón de corcho rojo para tenerlo al lado del teléfono. (Se debe prohibir a la madre que la llame a través del móvil.) Cada vez que reciba una agresión verbal de su madre debe clavar una flechilla en el corcho. Cuando el corazón esté lleno, debe contar las flechillas, sin extraerlas, y comprar una cantidad igual de bombones envueltos en papel rojo metálico.
Si son cincuenta flechillas, serán cincuenta bombones. El corazón atravesado por las flechas, rodeado por los bombones, debe enviarlo por correo en una caja de regalo acompañado de una tarjeta rosada donde haya escrito: «Querida mamá: porque te amo, te perdono el dolor que me causan tus críticas».

Alejandro Jodorowsky

Akasha Sanación Integral – Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.

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