SALUD Una epidemia de cándidas – Publicado en ASOCIACIÓN VIDA SANA

Lo que damos en llamar “VIDA MODERNA” como que nos trae de los pelos con enfermedades que no dan tiempo a los científicos, médicos, investigadores, psicólogos a desmenuzarlos, entenderlos y sobre todo, encontrar su cura…

O es que no se busca donde realmente se debería buscar? Y por otra parte, la medicina tradicional no cree en muchos casos que muchísimas enfermedades se originan “más allá del cuerpo tangible, medible, visible?

Aquí se puede “asomar” por sobre esos muros y nos brinda pistas para entender un poco más donde queda ese “más allá…”

Abrazos de Luz !!! Tom

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Testimonio de la escritora e investigadora Lynne McTaggart (sus libros) sobre su enfermedad y los tratamientos:Hablando cándidamente…. (y con franqueza).

Hablando cándidamente…. (y con franqueza). Como cada vez más cronistas de hoy en día, debo mi sustento a una enfermedad que tuve y a un deseo apasionado de deshacerme de ella.

A principios de los ´80, después de un número extraordinario de malos momentos, sufrí un largo periodo de estrés. En cada dominio importante de mi vida, los semáforos verdes que consideré como concedidos… de repente, empezaron a cambiar a rojo. Uno tras otro, asumí baches de todo tipo. Me casé y me divorcié, compré el falso piso, acepté el falso trabajo, contraje numerosas e importantes deudas y pasé un largo periodo de intenso aislamiento en un país extranjero. Durante esta época, ni siquiera podía conseguir un buen corte de pelo.
Poco después de haber salido de este chubasco personal, empecé a experimentar síntomas extraños. Al principio, los problemas cotidianos de la mujeres (cistitis, reglas irregulares y tensión pre-menstrual, tan grave que empezaba la semana después del final de las reglas y duraba hasta el tercer día de las siguientes).
A medida que pasaba el tiempo, mis síntomas se multiplicaban; eczema, urticaria y alergias como respuesta a un montón de alimentos y productos químicos; diarrea y un colon irritable; insomnio y sudor nocturno; seria depresión… Me había sentido tan impotente durante tanto tiempo que mi cuerpo parecía reaccionar en paralelo, derrumbándose bajo cualquier tipo de ataque.
Durante casi los tres años que estuve enferma, recorrí infinidad de círculos médicos. Primero, los internistas; luego, la periferia, con los nutricionistas y los homeópatas; y, finalmente, las medicinas más alternativas. Intenté respirar con el abdomen, por ejemplo. Un médico me diagnosticó sometiendo unos cabellos míos a ondas radio. Hice entrenamiento autógeno, una lavativa y hasta una forma de psicoterapia. Aprendí algo sobre mi relación con mi madre. Pero en ningún momento me sentí mejor.
Al final (cuando pensé en hacerme una prueba sobre el sida), empezó a llegarme a la mente que no había ningún remedio milagro que pudiera devolverme la salud. Para mejorar, tenía que encargarme yo misma del proceso entero. Empecé a realizar búsquedas, y un día encontré una enfermedad cuyos síntomas casi todos se correspondían con los míos. Cuando mi propio médico situó la posibilidad en ridículo, fui a ver a un médico de cabecera renombrado y especializado en alergias y medicina alimenticia, cuyos análisis y diagnóstico, con su carácter delicado, confirmaron mis propias sospechas y desalojaron otros problemas accesorios.
Lo que tenía en realidad era, esencialmente, estomatitis micósica o cándidasis polystemic crónica. Candida Albicans es un hongo que vive en el intestino superior de la mayoría de nosotros sin hacer bien o daño, controlado por nuestro sistema inmunitario y las bacteriassimpáticas que coexisten con él. Un clínico americano, C. Orian Truss, explicó en su día que, cuando el sistema inmunitario está debilitado y las buenas bacterias disminuyen en número, estos hongos pueden empezar a multiplicarse fuera de control, liberando toxinas que pueden eventualmente interferir con un variado surtido de funciones fisiológicas.
Mi tratamiento, que duró en total un año, requería una dieta restrictiva más una medicina anti-fúngica bien tolerada. Mejoré, volví a ser muy aburrida sobre este tema y mi marido Bryan me habló de crear un boletín a fin de dejar de contarle todo a él y, en cambio, informar al mundo entero.
En aquellos tiempos, mi diagnóstico era insólito, con trastornos raros y exóticos. Sólo algunos años después, la idea de un hongo fuera de control captaría la imaginación del público. Mucho tiempo antes, candida se volvió un comodín para describir cualquier trastorno que no estuviera registrado por la medicina. Hoy, los especialistas británicos en alergias están de acuerdo en afirmar que un crecimiento excesivo de la bacteria citada es responsable de numerosos síntomas: trastornos intestinales como comezón y costumbres intestinales cambiadas, catarro, eczemas, artritis y asma…
En la actualidad, millones de pacientes pretenden estar afectados por esta enfermedad. La mayoría se dirigió a tratamientos alternativos porque la profesión médica todavía echa este mal al cubo de las enfermedades no legítimas, clasificándolo, como hizo mi médico de cabecera, como un problema mío, algo hipocondríaco.
Los más alumbrados de los médicos creen que Truss encontró algo, pero que el asunto es de lejos más complicado. Otros hongos y también parásitos, problema común hasta en los países del Oeste, pueden igualmente causar disfunciones en los intestinos. Nuevos indicios muestran que los anticuerpos producidos por el organismo para luchar contra el hongo también pueden empezar a causar reacciones de auto-inmunización en el cuerpo, provocando menopausia prematura o infertilidad. Un “intestino que corre” (una pared de intestino demasiado permeable, que deja entrar moléculas de alimentos no digeridos) puede causar síntomas evocadores de candida. El síndrome del hongo pudiera ser varios síndromes (mala absorción de alimentos, baja producción de ácidos del estómago, alergias a productos químicos presentes en el medio ambiente…).
El hecho es que todos tenemos que tener cuidado del juicio que emitimos sobre candida y otras nuevas enfermedades que molestan y que nos afectan o nos afectaron, y que son el resultado de someter nuestro cuerpo a agresiones alimenticias y medioambientales totalmente nuevas. Esos, y no las infecciones, serán responsables de las epidemias del nuevo milenio.
Lynne McTaggart es la editora de What Doctors Don’t Tell You (Lo que el médico no te cuenta), una revista mensual que expone los peligros y las prácticas no probadas de la medicina moderna. Para más detalles: WDDTY, Tower House, Soovereign Park. Market Harborough, Leics LE16 )EF. Tel: 01858 438894

 

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